LUIS KANGAS MUNTACuando me decía mi abuela que yo hacía les cosas sin sentido, yo miraba para ella como les vacas al tren… Hoy ya le encuentro sentido al porqué de sus sospechas. Desde que me hice un corredor de élite, me encuentro muchas veces con dudas que no hacen más que confirmar los mejores presagios y que me confirman como la eterna promesa del trail. Lo que no pensaba yo, era que a veces aparte de luchar contra mí mismo, tengo que luchar contra los elementos, como me pasó el otro día en Cangas de Onís, lugar legendario donde los haya y perfecto para la práctica del trail run.

Allí se celebraba el pasado día 1 de marzo la primera edición de la Kangas Mountain y como no podía ser de otra manera, yo tenía que estar presente en cuerpo y alma. 29km y 1820m positivos se ajustaba a mis características. Estos chicos de Komty Eventos me lo iban a poner difícil.

Pero como siempre sucede en este tipo de carreras, me la llevaba muy bien preparada, había estado sacando fotos y estudiando su puente romano palmo a palmo, por allí pasaba la carrera, incluso me había estudiado toda la historia de Rómulo y Remo y lo de la loba que les amamantaba. A mí siempre se me dio bien lo de amamantar, de hecho yo creo que sigo siendo lactante.

El día empezó como acabó el anterior, lloviendo calderos de agua, por lo que preparo el factor sorpresa que eran unas zapatillas especiales de esas que acaban en dedos pero con la particularidad de que había mandado pegar una pequeña membrana entre ellos para avanzar más en los tramos húmedos. No hay más que decir que era el centro de atención en la línea de salida y que provocaba las carcajadas de mis adversarios hasta que me di cuenta que el puto zapatero me había puesto 6 dedos en vez de 5. Mierda joder. Aún así en cuanto dieron la salida, se impuso un fuerte ritmo hacia el Picu del Arbolín donde yo no me sentía nada cómodo porque tropezaba con el sexto dedo siempre. Ahora empezaba lo bueno, las lluvias torrenciales y el frío provocaban que las montañas llorasen auténticos ríos de agua y lodo y después del paso por el puente romano empezaban los humedales y ahí, justo ahí es donde empezó la carrera de verdad, en la siguiente subida al Collau Andrín se ponía de manifiesto la dureza de esta carrera y ahí ya iba yo ganando posiciones aleteando con una destreza propia de un batracio. Muy pronto me puse en cabeza y los dejé a todos abatidos… Luis Alberto y Raúl Cámara los tomaban de fresa si mal no recuerdo… Ya después en la bajada y al paso de la prueba por uno de los rincones más bellos de Asturias como es el cauce del Río Dobra y su Olla de San Vicente tuve la genial idea de celebrar que iba líder, dándome un pequeño chapuzón, pero para desgracia mía, no conté que había tal riada que la corriente me arrastró casi 17 km, lo que me hizo perder la cabeza  e incluso la cola, del pelotón, pero como de grandes gestas está hecha la historia, pude retomar el camino para emprender la última y durísima subida a Següencu y bajar tranquilamente hacia la meta de Cangas. No pasa nada, siempre pienso que no corre más quién llega primero sino quién más zancadas da. Y aquí también soy un auténtico líder.

La carrera la ganaron Iban Letamendi y Leire Férnandez. Yo me quedé rozando el podio a casi dos horas…